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Sígueme
Es la llamada de Jesús a tantas y tantas personas que a lo largo
de dos mil años (al igual que los apóstoles) va haciendo a las almas.
Desde la más tierna infancia Jesús ha hecho resonar en mi
interior la misma llamada: "SÍGUEME". "Ven conmigo, te necesito
para que me sirvas, me cuides me ampares en la persona del anciano,
pobre, abandonado, sin distinción de razas, de lenguas, de culturas y de
religión, te necesito para que les hables de Mí y les ayudes a vivir los
últimos años de su vida con paz y amor, para que descubran su filiación
divina y y vivan la esperanza de la Vida Eterna".
Señor: Haz de mi lo que quieras. Quiero ser toda tuya, solo tuya,
siempre tuya. -Le dije- Y aquí estoy, en su santo servicio, no por
méritos propios, sino por su gracia, esto me hace pensar en la frase de
San Pablo: "No soy yo quién vivo, es Cristo quien vive en Mí".
En aquel amanecer me puse en camino y le seguí. Hoy, "a media tarde",
-los años van pasando- le quiero decir con más fuerza: "Toda tuya
solo tuya, siempre tuya".
En este recorrido vocacional de Hermanita de los Ancianos
Desamparados, ha habido –como en toda primavera- mucha luz, mucha
paz, y un gran gozo espiritual, y si después de la primavera viene el
verano, también se han dejado sentir días de sol sofocante, con sudor,
sed y polvo en el camino. Mas, no importa, este es el camino de
seguimiento de Cristo, pobre, Casto y Obediente, siempre al lado de
María nuestra Madre, para ayudarnos en todos los momentos y
circunstancias de la vida de toda persona cristiana o religiosa.
Nuestra Santa Madre Fundadora, Santa Teresa de Jesús Jornet, e Ibars,
nos lego esta hermosa máxima: "Cuidar los cuerpos para salvar las
almas". Sí, cuidar los cuerpos, acompañarles, curarles, amarles,
siempre, pero de una forma especial en el último momento de su tránsito
a la eternidad. ¡Qué gozo interior el de la Hermanita el poder estar
presente en esos últimos momentos, limpiando su sudor, mojando sus
labios secos y encomendar su alma a la gran misericordia de Dios. Es
como despedirles de la vida temporal a la Eterna.
¡Que grande es la vocación de la Hermanita de los Ancianos
Desamparados!. A ella me llamo el Señor en la primavera de la vida y en
ella quiero vivir y morir.
¡Gloria a Dios! |