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NUESTRO
TESORO / VOCACION |
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Las
Hermanitas de los Ancianos Desamparados
hemos descubierto en lo más íntimo de
nuestro corazón el amor personal de
Jesús y nos hemos sentido movidas a
dejarlo todo por Él: libre entrega de un
amor de esposas.
Esta decisión lleva consigo el
identificarnos cada vez más con su
persona, asumiendo sus mismos
sentimientos y llevando el género de
vida que Él llevó en su vida terrena:
casto, obediente y pobre.
"El Corazón de Jesús arde en llamas de
purísimo amor. Con este amor purísimo es
necesario que tratemos siempre a
nuestros ancianos, interesándonos
muchísimo de su bienestar temporal y
eterno" (Santa Teresa de Jesús Jornet).
La Hermanita quiere ser para el anciano
puesto a su cuidado, la madre solícita
que busca desinteresadamente su bien; la
más sincera de las hermanas en su
acogida fraterna. Quiere devolverle a su
rostro, quizás angustiado, la serenidad
y la alegría de experimentar de nuevo
los beneficios de un hogar.
Nos
decía el Papa Pablo VI: "Si pudiéramos
penetrar en vuestras comunidades y
residencias, allí sorprenderíamos a
tantas hijas de la nueva Santa que, como
ella, están difundiendo caridad: caridad
encerrada en un gesto de bondad, en una
palabra de consuelo, en la compañía
comprensiva, en el servicio
incondicional, en la solidaridad que
solicita de otros una ayuda para el más
necesitado. Bien sabemos que vuestra
entrega a los ancianos, cuyos achaques
requieren de vosotras atenciones
delicadas y humanamente no gratas,
tienen un ideal, una pauta, un sostén:
el amor a Cristo que todo lo soporta,
todo lo supera, todo lo vence, hasta lo
que para tantas mentalidades de hoy,
empapadas de egoísmo o prisioneras del
placer, es considerado una locura".
Por eso nuestra Santa Madre nos repetía:
"Dios en el corazón, la eternidad en la
cabeza, el mundo bajo los pies". |
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